Promoción de 1968 USO Escuela Transmisiones

Fortitudine vincimus

El agujero y la garita

Entre los últimos edificios del Escuadrón de Alumnos y la valla que delimitaba la Escuela por su lado suroeste había una pequeña zona de hierba y pinos ("Los Pinos" en el lenguaje de los alumnos) utilizada por la tropa para explayarse en los ratos de descanso, buscar sombra en los días calurosos, pasear o dirimir sus diferencias sin testigos (nunca llegó la sangre al rio...). La zona estaba muy poco iluminada y la valla, una alambrada de apenas dos metros de alta, presentaba en esa zona dos puntos harto vulnerables. El primero era una garita elevada en un ángulo muerto ("la garita") y en la que no se hacía nunca guardia; estaba tan pegada a la valla  que permitía subirse a ella por su escalera y deslizarse fácilmente, desde su voladizo, al otro lado de la valla. El segundo era todavía más accesible: la valla estaba en el mismo filo del talud de una vieja vía de tren del Ejército de Tierra (hoy ya no existe). Tan al filo estaba, que la tierra se iba desprendiendo y se iba abriendo un enorme agujero por debajo de la valla ("el agujero") por donde uno podía superarla simplemente con agacharse. Aquel agujero, con el tiempo, el agua y el uso, se convirtió, de hecho, en la auténtica puerta trasera de la Escuela. Su uso era masivo: evitaba el pasar por el puesto de guardia y tener que dar cuenta del estado del uniforme y del pelo y se llegaba antes andando a San José de Valderas desde el agujero que cogiendo el transporte público. Las salidas solían ser muy exitosas porque antes de salir se podía explorar muy bien el terreno. Lo malo era entrar, porque el "enemigo" podía estar esperándote agazapado. Eran famosas las redadas de la patrulla de guardia las noches de los domingos a la vuelta de la sesión de cine, con "nocturnidad y alevosía". Allí caíamos como moscas al entrar...